LAS GUERRAS DEL PETROLEO- DOS GRANDES GRUPOS SE DISPUTAN LA VENTA DEL PETROLEO EN LAS ESTACIONES EN COLOMBIA…..
Por: Moisés Pineda Salazar.
José Pérez- Secretario de Planeación Distrital- en una fugaz “palomita” que le dio Hoennisberg como Alcalde
encargado, prohibió construir más Estaciones de Servicios en Barranquilla. El POT de Puerto Colombia si las permite. Este dato, me llevó a reformular mis observaciones sobre la EDS “La Castellana que circunscribían el rifirrafe al problema de planeación urbana.
Hace más de un siglo, el Callejón del Progreso se comunicaba con el del Cuartel, el del Cuartel con el de Stuard o de la República, este con el Callejón del Rosario hoy Olaya Herrera, el del Rosario con el Callejón de la Aduana y este con el de las Viejas a través de una callejuela llamada “Manga de Oro”, que se prolongaba hasta la Carrera de La Maria. Un día cualquiera, una universidad construyó un edificio sobre el espacio público obstaculizando las posibilidades de los ciudadanos para moverse sin obstáculos desde la Plaza del Cementerio de Calancala hasta los linderos del Estadio Tomás Arrieta. Esto no significa que hoy debamos aceptar o tolerar la connivencia entre intereses particulares y autoridades que permite que los primeros construyan o invadan la provisión de espacio público que necesitamos para garantizar la movilidad humana en el cuadrante conurbado comprendido desde la Calle 96, el Arroyo León y el Arroyo Grande de La Playa y las prolongaciones de la Carrera 43 y de la Vía 40 en el cual ejercen jurisdicción Puerto Colombia y Barranquilla.
Hace muchísimas décadas, en La Playa habitaban trescientas familias que derivaban su sustento de la pesca y de la explotación de canteras. Por eso la antigua vía férrea que por allí pasaba les sirvió para habilitar los vagones que movilizaban el material hasta Las Flores y luego para trasladarse a Barranquilla. Así fue hasta cuando en los años de mil novecientos cuarenta, un carreteable de un kilómetro de largo los conecto con la vía que construyó la Gobernación del Departamento entre Barranquilla y Puerto Colombia, con recursos obtenidos de una suscripción de bonos de tesorería que en los plazos convenidos les fueron devueltos, con intereses, a los suscriptores. Esa vía se construyó a partir del punto “cero” ubicado en lo que hoy es la Calle 82 con la Carrera 51B de Barranquilla y se prolongaba hasta la Plaza de la Alcaldía Porteña.. Eso quiere decir que hoy, cuando la población de ese corregimiento es de más de 24.000 habitantes, no es tolerable que cuenten con una sola vía que comparten con más de 50.000 estudiantes que se movilizan desde Barranquilla hacia las Universidades y Colegios asentados a lado y lado de ese corredor.

Hace muchos, Giovanny Lamboglia diseño un sistema urbano para conectar la Plazoleta de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen con el Edificio de La Aduana Nacional. Para el efecto fueron adquiridas con recursos del Municipio de Barranquilla todas las viviendas necesarias para ampliar la carrera 51. La falta de rigor en la planeación, y la ausencia de autoridad, hicieron posible construir un viaducto más ancho que las calles a las que sirve. Un “puente” en cuya mitad estuvo instalado un poste de alumbrado público. Las viviendas adquiridas no se demolieron, siguen habitadas y, al parecer, continúan en el comercio de bienes raíces. Eso no justifica que se tenga que tolerar, al momento de establecer y hacer cumplir las exigencias de cesiones para vías y espacio público en ese sector de expansión urbana, la construcción de tugurios de estrato seis en terrenos densificados en extremo. No se entiende cómo si se proyectan más de 2.000 soluciones de viviendas y si se calcula que cada unidad familiar dispondrá de dos vehículos, esos datos no se hayan tenido en cuenta para establecer las especificaciones del amoblamiento urbano que garanticen y faciliten el ejercicio de la movilidad sin obstáculos en la zona colindante entre Puerto Colombia y Barranquilla.
Hace menos años, los barranquilleros enfrentamos una crisis de movilidad originada por las muy bajas especificaciones de la antigua Carretera que va de Puerto Colombia a Barranquilla. Para responder a ella se procedió a invertir recursos del público en la ejecución de un proyecto vial que no consideró los futuros desarrollos y ampliaciones de colegios, Universidades, Urbanizaciones y Centros Comerciales. Por eso, en menos de quince años, las necesidades desbordaron la solución implementada por el sistema de Valorización Departamental- pagado por los vecinos- bajo la conducción de Gustavo Bell Lemus. Eso no justifica que se repita el mismo error en el sector colindante entre Puerto Colombia y Barranquilla en donde se empalman un corredor de movilidad porteño con la Carrera 53 de La Arenosa que ya muestra, al igual que la carrera 51B, gravísimos problemas de congestión e inseguridad entre las calles 84 y 96.
Finalmente, si consideramos que hace muchos años, en Barranquilla fueron construidas estaciones de gasolina en “lotes islas” ubicados en la carrera 43 a la altura de la calle 73, entre las carreras Líbano y Libanito con la calle 59 y en la calle 76 entre carreras 51B y 50; y que algunos años se suscitó en Barranquilla el escándalo conocido como “3 X 15” que involucró el lote ubicado frente a la Iglesia de Nuestra Señora de las Gracias de Torcoroma que estuvo destinado para una zona verde sobre el cual se levantó una estación de combustibles, llama la atención que los actores comerciales sean los mismos en uno y otro caso. Eso nos lleva a sospechar de la licitud de armar debates públicos en los que los intereses mercantiles se disfrazan de civismo.
Si en Barranquilla los políticos se apropian del espacio público; si los datos demográficos se tienen en cuenta para los flujos financieros en el plan de negocios pero no para garantizar los flujos humanos en un plan de movilidad; si la planeación urbana es espasmódica y poco seria; si las soluciones que se implementan salen del bolsillo de los vecinos y son cortoplacistas y si hay más de tres EDS levantadas en espacios privados circuidos por vías urbanas, yo concluyo que la Estación de Servicios La Castellana es el elemento simbólico de una guerra que, por los mercados de futuro, libran los dos grandes grupos económicos que controlan la distribución de combustibles en Colombia. En desarrollo de esa conflagración comercial, intervienen ahora en el conflicto limítrofe que ambos entes territoriales sostienen. Uno a favor de Barranquilla que prohíbe construir más EDS y el otro al lado de Puerto Colombia que sí las permite.
La oportunidad la brinda una situación estructural en la que colisionan las competencias de dos municipios, socios del Área Metropolitana, que no han unificado sus sistemas de planificación urbana y que, por lo mismo, no logran regular la competencia económica entre intereses privados que se tramitan con el ropaje del interés público.
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